Como ha señalado Jose
Luis Granja en las conclusiones de su tesis doctoral (Nacionalismo
y II República en el Pais Vasco, Centro de Investigaciones
Sociológicas, Madrid, 1986):
"Es cierto que el nacionalismo
vasco, gracias al enorme auge del PNV como movimiento de masas
en los años republicanos, se convirtió entonces
en la primera fuerza política y social de Euskadi, pero
se hallaba lejos de alcanzar la hegemonía política
a causa de su debilidad en Alava y, más aún en Navarra
-su auténtico talón de Aquiles-, y de la fortaleza
de las izquierdas en las aglomeraciones industriales vizcaínas
y guipuzcoanas (a lo sumo un tercio del electorado vasco votaba
a los partidos nacionalistas). Igualmente, en el campo sindical
y en el terreno de la cultura, tampoco era hegemónico el
nacionalismo y también predominaba el pluralismo antes
de la Guerra Civil". (46)
Lo que me importa ahora subrayar
es que durante la II República, la clase obrera en Euskadi
está polarizada entre dos fuerzas muy semejantes en volumen:
la nucleada en torno al cosmopolitismo ingenuo del socialismo
encarnado en el PSOE y la nucleada en torno al nacionalismo
ingenuo de las organizaciones obreras de la órbita
del PNV. La organización sindical nacionalista ELASTV
tuvo representados 40.342 afiliados en el II Congreso celebrado
en VitoriaGasteiz en abril de 1933. El periódico
Euzkadi desglosaba en febrero de 1936 la afiliaci6n en
18.000en Vizcaya, 15.000 en Guipúzcoa, 3.000 en Alava y
1.000 en Navarra. Los datos proporcionados por la propia UGT al
Ministerio de Trabajo arrojaban para 1933 un total de 33.866 afiliados
en Vizcaya. Fusi ha dado para el mismo año la cifra de
12.000en Guipúzcoa.
Cuando la oligarquía
industrial y financiera vasca, con el resto del bloque de clases
dominante español de que forma parte, empuja y financia
la rebelión de los militares perjuros y sediciosos que
Franco encabezara contra el Gobierno legítimo de la II
República hará en Euskadi un buen negocio a corto
y medio plazo y uno malo a largo plazo. A corto y medio plazo
repitieron lo que había sucedido sesenta años antes,
en 1876. Como entonces, un ejército español sometió
por la fuerza de las armas a los vascos y entregó el poder
político y social de nuevo a la oligarquía industrial
y financiera vascoespañolista. Que, unidos a su poder
económico y facilitando la reproducción ampliada
de éste, estuvieron en sus manos durante cuarenta años
para explotar a la clase obrera y las demás clases populares
vascas. Financiar a Franco fué un buen negocio. A largo
plazo, a plazo histórico, la oligarquía vascoespañolista
hizo un mal negocio.
Porque la invasi6n franquista de las vascongadas y la bestial represión preventiva que la derecha desencadenó en Navarra, asesinando a miles y miles de nacionalistas vascos y de socialistas para asegurar el éxito de la rebelión militar y engrosar por el terror sus cifras de "voluntarios", tuvo la virtualidad de soldar, por primera vez, un bloque histórico de clase vasco en el que se fundieron socialistas y nacionalistas vascos, superando decenios de antagonismos. Ese bloque funcionaría durante la guerra y después de la guerra, durante la dictadura franquista, en la resistencia contra la misma.